sábado, 12 de septiembre de 2009

GRAVE OF THE VAMPIRE (1974)


Menos conocida que otras propuestas vampíricas de los años 70, La Tumba del Vampiro supone una pequeña sorpresa para el degustador de rarezas terroríficas. La ausencia de un actor de relieve al frente del proyecto, su condición de obra independiente con todo lo que ello significa (realizador desconocido, distribución en circuitos limitados, explotación desigual en formatos domésticos…) han jugado desafortunadamente en su contra. Y sin embargo, estamos ante una obra citada en cualquier ensayo sobre los mal llamados vampiros menores, en fanzines especializados o en revistas con preferencias por desbrozar los siempre abultados sótanos del género. Personalmente, la primera referencia que tuve de esta obra fue hace ya bastantes años en una muy útil guía del terror que la revista Fangoria tuvo a bien publicar y que desafortunadamente careció de continuidad.


Una pareja acuden a un cementerio y son brutalmente atacados por Caleb Croft, un vampiro surgido de su tumba. El hombre muere asesinado pero la mujer es violada por el upiro en el interior de una tumba abierta. El vampiro escapa sin dejar rastro aparente. La mujer en evidente estado de shock decide tener al vastago al que alimentará con su propia sangre. Años después, James, mitad humano mitad vampiro, intenta dar con el paradero de su padre para vengarse de lo que le hizo a él y a su madre. Finalmente, le encontrará dando clases de antropología en la Universidad bajo el nombre de Arthur Lockwood. El combate final tendrá consecuencias funestas.


Si algo llama la atención en La Tumba del Vampiro es el salvajismo de su propuesta. Frente a otros intentos de actualización de los chupasangres que se hicieron en la misma época, el upiro presentado por John Hayes es un ser salvaje que mata, viola y se alimenta de sus victimas sin ningún espíritu romántico que le motive. Croft no seduce a sus victimas, como si lo hacen los vampiros clásicos de la Hammer o descendientes directos como Blácula o Yorga. Croft es el ente reencarnado de un vampiro que fue quemado en Salem unos siglos atrás y que utiliza el cuerpo de un asesino y violador que murió ejecutado en la silla eléctrica. Uno de los aspectos más interesantes de la película es que desconocemos el proceso de vampirización de Croft, idea que dota de misterio y gran entereza a su figura. El vampiro aparece perfectamente integrado en nuestro mundo dando clases y sin levantar sospechas. Solo la aparición de su hijo romperá este equilibrio. Su hijo James, sufre las consecuencias de ser un mestizo: humano y vampiro, puede controlar su sed de sangre y vivir bajos los rayos del sol aparentemente sin problemas. Su conexión con Blade surgido en fechas coetáneas en las páginas de Tomb of Dracula y Vampire Tales es más que evidente, exceptuando el aspecto racial que le imprimió secundariamente Marv Wolfman al cazavampiros de la Marvel.


Dos secuencias de Grave of the Vampire justifican el visionado de este film. Por un lado, su brutal inicio con el ataque de Croft a la pareja en el cementerio, precedido de una hermosa secuencia de créditos donde un pausado travelling recorre el neblinoso sepulcro de Croft mientras escuchamos sus latidos. Por otro lado, la secuencia final que describe el brutal combate de padre e hijo en la morada de Croft tras desencadenar una pequeña carniceria. Es un combate físico, brutal beneficiado por el contacto directo entre ambos actores que aprovechan las limitaciones propias del decorado. Un final ciertamente sensacional que pone un buen broche a esta singular propuesta.


Grave of the Vampire fue dirigida como hemos dicho por John Hayes, cineasta independiente poco y mal conocido que durante los 60 y 70, suministró a los drive-in y grindhouse con películas de diversos géneros (comedias, dramas generacionales, cine erótico, horror movies…). Entre sus obras terroríficas destacan la zombie-movie Garden of the dead (1974) o la desconocida Dream no Evil (1970). La película fue escrita por un primerizo David Chase, que por esa misma época trabajaba para la serie de TV Kolchak, y que posteriormente alcanzaría popularidad mediática con Los Soprano. Por último señalar que los dos papeles principales estuvieron interpretados por Michael Pataki , realmente excelente en su encarnación de Croft y un inesperado William Smith, cuyo rostro patibulario se ciñe perfectamente a la figura maldita de James.

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